1.
Supaa tiene un puestito de comida en la calle principal de Srithanu. Caí una vez por casualidad y me encantó. Me encantó ella, el puestito y el café. Prepara un Ice-Coffee extraordinario.

Luego de dos meses en India, a puro Chai (té con leche), volví a cafetear en Tailandia. Supaa lo hace delicioso, con leche condensada, me hace precio y me sirve de yapa. Hace un par de días descubrí que también vende coco barato, así que cada mañana paro en su puesto para desayunar.

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Mi desayuno Thai: coco y café. El agua de coco es deliciosa, más sabrosa que en India y casi igual de barata. Muy nutritiva, llena de electrolitos y cosas de esas; he oído historias de anacoretas occidentales viviendo en chozas en la jungla a puro coco no más, coco por la mañana y coco por la noche. Te tomas el agüita con bombilla y luego te dan una cuchara para raspar toda la parte blanca, que es deliciosa y te llena, Voy a extrañar muchísimo mis cocos cuando vuelva a Barna.

2.

Bueno, interludio gourmet aparte: Supaa es súper simpática. Los tailandeses son super simpáticos. Los guiris y los nómadas digitales aman este país, y uno de los motivos es porque los locales son un encanto. Hablan apenas cuatro palabras en inglés, pero sus sonrisas son inoxidables.

Hay mucho occidental al que le estresa la India y sin embargo le encanta Tailandia. Lo puedo entender. Éste país ofrece una calidad de vida símil a occidente, es limpio -al contrario de India-, tiene buena conexión a Internet… y los tailandeses, a diferencia de los indios, no te dan pelota. Los indios son más invasivos, interactúan con descaro, se te acercan por la calle. Adoran a los extranjeros. Y a mucho guiri esto le agobia.

Es posible vivir años en Tailandia, disfrutar de las playas, hacerte una comunidad de amigos viajeros, vivir en una burbuja en tu barrio del Soho con palmeras, y nunca nunca conocer a un local. En India esto es más difícil: India te devora. Tailandia te deja en paz.

4.

El inglés de Supaa es pobre, así que nos comunicamos con una mezcla de palabra, gestos y mímica. Me entero que que trabaja de 8 a 19 hs en su puestito, tiene un hijo de 20 años y no para de hacer negocios. Está construyendo unos bungalows al lado de su casa, para alquilar a los turistas. A veces voy y me la encuentro somnolienta, se cae de la silla, le pido el café y se hace uno extra para ella. Es porque tres o cuatro veces al mes le toca levantarse a las 4 de la madrugada y cocinar para los monjes budistas del templo.

El budismo Thai es una versión colorinche y ritualizada de una doctrina bastante espartana de por sí. Buda era un hombre simple en su complejidad, que se pasó la vida enseñando a la gente a distinguir lo real de lo perecedero mediante la meditación. Trescientos años después de su muerte, su metodología fue exportada desde India a todo el sudeste asiático: llegó a China, Japón, Indonesia, Nepal, Tibet, etcétera, donde convirtieron a Buda en un semidios -lo mismo que hacen los indios con sus santos-.

No he visto a ningún tailandés meditando aún, pero parece que no les hace falta: El budismo también es una doctrina ética y les sienta muy bien. Éste es un pueblo alegre, la gente se ríe mucho, la hemosexualidad y el travestismo son normales y visibles, se respira tolerancia, la atmósfera es relajada.

5.

Me gusta pensar que Supaá es mi amiga. Yo soy hombre de rutinas, e intento ser “cliente habitual” de las tiendas y cafés, en Barcelona, en La Plata y donde sea que ande. Te da ventajas, descuentos, y te permite crear una relación, llenar de humanidad las transacciones. Cada vez que me despido de Supaa, nos deseamos un buen día con sinceridad, “have a nice day todaaay”…

Tratar bien a la gente es salvar el mundo. Ella lo sabe, y yo también.

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