Veinte días en Koh Phangan.

Voy encontrando lo que vine a buscar, de a poco. Ya me siento en casa.

Llegué aquí por recomendación: un puñado de gente me habló de esta isla justo cuando estaba considerando dónde ir en los dos meses sin visa india que tenía colgados a fin de año. Aunque no soy fan de las islas ni de las playas, lo tome como una señal, como buen pichón de la New Age. Y me vine directo, sin investigar un carajo.

Mal hecho. La primera semana no di pie con bola. Me instalé en un hostel en la parte más alcohólica y fiestera de la isla, y termine carreteando en la Full Moon Party, un bardo multitudinario en el que no tenía nada que hacer (acá te cuento mi tragicomedia).

Donde está mi tribu?

“Aquí tiene que haber gente con con mi onda. Si no los encuentro, me voy a la mierda. Por más chulis que sean las playas”.

Finalmente descubro mi comunidad: googleo “Ecstatic Dance Koh Phangan” y me sale un evento de Facebook, pero la posta es el grupo donde está publicado: “Koh Phangan Consious Community”. Entro y flipo: la cartelera alternativa es gigante para una isla tan pequeña: yoga, meditación, reiki, tarot, healings de todos los colores, tantra, vegetarianismo, contact improvisación, arteterapia, ceremonias de cacao, círculos de mujeres y de hombres… Así que acá estaba la peña que andaba buscando.

Es curioso como uno nunca termina de conocerse. Luego de dos meses girando por Asia, me entero de que yo sin mi Sangha no soy nada :). Tengo una parte ermitaña, que le encanta andar de cueva, solo, meditando en la montaña, escribiendo y eso. Pero tras un puñado de semanas sin amigos me entra como una ansiedad, un bajón, me hace falta abrazar gente.

Es que yo vengo de estar diez años con la sangha más hermosa de Barcelona: la familia de Happyyoga-Laboratorio. Acá los empecé a pensar mucho, a extrañar un poco, a agradecer el tenerlos en mi vida; cuando vuelva a Barna en abril será precioso reencontrarlos.

Esta isla es un epicentro mundial de viajeros espirituales, todos ofreciendo sus clases, sus talleres, sus terapias. Sin embargo no encuentro nada que se acerque al calibre del Laboratorio. Nada. Mi querida escuelita de Barcelona tiene una vibración única, atómica. Mientras más viajo, más lo confirmo. Estos pichones de Koh Phangan que se creen en la vanguardia alternativa… No han visto nada.

Qué suerte que tuve de haber pasado 10 años allí. En el mundo “consciente” hay mucha pose, mucho cassette, mucha frase repetida, mucho lugar común; todos caemos ahí, en el personaje “espiritual”. Lo bueno del Labo es que te entrena hacia la autenticidad, a que salgas del piloto automático. Eso lo cambia todo.

Ya se, a mi ego le encanta pensar que somos los más guays. Whatever.

A bailar, carajo!!!

La familia espiritual de Koh Phangan es bonita, pero lleva su tiempo entrar. Y yo tengo poca paciencia, los quiero abrazar a todos ya, jeje. De a poco, me voy apuntando a todos los saraos que me llaman la atención, me meto en talleres, clases y movidas. Especialmente las sesiones de Ecstatic Dance y de Contact Impro. En los dancings estoy en mi salsa, se me da bien conocer gente.

Mi entrada oficial en la tribu loca phanganera fue un domingo por la mañana, me tomé un taxi para el Ecstatic Dance en Pyramid, un centro de yoga entre la montañas, al norte de la isla. El recinto es circular, con una pirámide suspendida en el centro. Y ahí los veo a todos, los hijitos de la New Age, calentando motores para el baile, estirando, haciendo asanas, meditando… Empieza la música, me coloco en el centro de la sala y -como buen laboratoriano- montó el pollo y le saco chispas a la pista.

Ahí mismo hago mis primeros amigos, entre ellos James, un canadiense con una energía muy hippie y muy sátvica a la vez, una hermosa combinación. James vive y trabaja de forma temporaria en Pyramid, les organiza la agenda, y un par de semanas después me terminará fichando para los Ecstatics. Mi trabajo será ocupar el centro de la sala y elevar la energía grupal con mi baile y mi presencia, ja. Una especie de animador de fiestas informal, clandestino. Uno de los curros más bonitos que me han encargado.

A bailar, carajo!!!

PD: Si querés seguirme el rastro en mis viajes, dejame tu mail acá y te aviso cuando actualice el blog 🙂