Lo primero que hice al llegar a Varanasi fue buscar el ashram del Bhagavan.

La banda de los vedanta 1
El Bhagavan.

Lo conocía de oídas en Barcelona, unos cuantos de mi sangha del Happyyoga son sus seguidores, han estado aquí, y me han hablado de él. Parece que es un maestro de alto nivel, pero no sólo eso: él mismo dice que es Dios Encarnado. Un avatar a la altura de Krishna. Así, directo, con dos cojones. Esto es algo que solo se puede decir en India (si a un cura le diera por decir que es el nuevo Mesías lo excomulgan al día siguiente).

Y no sólo Baghavan dice que es Dios, sino que un montón de gente se lo cree -incluso entre mis amigos de Barna-. Obviamente, lo quise conocer en persona.

El Baghavan encabeza la International Vedanta Society, una organización con unos quince ashram en varias ciudades de India. Llegué acá esperando conocerlo, porque erróneamente pensaba que la sede central (y su casa) era en Varanasi. Pero no, es Calcuta. De todos modos me quedé, sus seguidores de aquí son todos muy bonitos y me recibieron joya.

la banda de los vedanta 4
Los Swamis mirando el partido

En el ashram de Varanasi viven full time unos tres sannyasi y dos brahmacharya, más un elenco rotativo de devotos que se quedan allí por temporadas. Entre ellos, un anglo-japonés llamado Mahadev, traductor de los libros del Bhagwan al inglés.

Llegué en pleno Navaratri, me recibió un joven monje, Krishnarup. Cuando se enteró que vengo de Barcelona se le iluminó la cara: conoce a muchos del Happy, incluso grabó unas voces en un disco de ManuOm.

La banda de los vedanta 5
Mi amigo Krishna

Krishnarup me adoptó: me invita a todas las actividades, me presenta a sus amigos, me consigue profe de canto, me lleva a remolque cuándo tiene que hacer algún mandado. Lleva tres meses con votos de brahmacharya, algo que quería hacer “desde los 4 años”, dice. Todavía tiene en el móvil las fotos de su vida anterior: un adolescente indio de gorrita, con amigos, amigas y banda de rock.

La colla del Vedanta tiene una práctica espiritual fija: se canta Hare Krishna tres veces al día. Qué sadhana más bonita. Así que cada día voy a cantar con ellos por la mañana. En ocasiones hay una orquesta de tres o cuatro monjes con tambores, pero la mayoría de las veces está solo Mahadev dándole a capella (desafina bastante) y yo (intentando enderezarlo).

Chau, me voy a cantar.

PD: Si querés seguir estas crónicas y otras cosas que publico, dejame tu correo acá.