Hace poco se nos fue Leonard Cohen. Se despidió con gracia, después de haber grabado un discazo. Se murió de viejo, como uno espera que se mueran los artistas que ama.

A Leonard lo conozco desde hace unos 20 años. Vivía en La Plata, había terminado la carrera de locución de radio y trabajaba en un sindicato como administrativo.

En esa época no había radios con onda en la ciudad de La Plata. No había nada parecido a la Rock&Pop, por ejemplo. Mucha emisora de fórmula, de cumbia, de hits latinos o anglos pero ninguna programación de rock o pop medianamente ambiciosa. Una noche estaba revolviendo el dial (un rodillito analógico, ya no se fabrican) y fui a parar al extremo derecho del espectro fm, a la frecuencia 107.5. De pronto, una voz gigante, cavernosa, magnética, detuvo mi vagabundeo: era “The tower of song”. Sonaba como un blues pero raro, iconoclasta, con unas voces femeninas de película de David Lynch. Encantado de conocerlo, Mr. Cohen.

Casualidades o no, a los pocos meses estaba trabajando en esa radio, la gloriosa FM Universidad 107.5, la primera radio de rock de la ciudad de La Plata. Fueron diez años felices y vertiginosos, pero eso es otra historia y pertenece a otro post.

Volviendo a Cohen. Me acuerdo que por entonces el Turco Jalil -director artístico de la FM- me paso un compilado de sus grabaciones de los sesenta, cuando hacía folk y su voz era grave pero no tan caverna.

Antes que músico, Leonard era poeta, y te seduce sin esfuerzo con ese aliento místico y profano a la vez, con esa resonancia bíblica tan bien aprovechada… “Como un pájaro en el cable, como un coro borracho de medianoche, he intentado a mi manera ser libre”. Ese verso me tomo por sorpresa, me emocionó muchísimo la primera vez que lo escuché, lo cual es un logro, porque ahora estoy blando pero en esa época no me hacías llorar ni a palazos.

Leí todo lo que encontré sobre Leonard Cohen. Empezó su carrera musical a los 35 años, cuando llevaba más de una década escribiendo literatura y sólo tocaba la guitarra borracho, para sus amigos, en largas trasnoches mediterráneas.

Me mudo con Leonard 2
Leonard de fiesta con los colegas en Grecia (1960)

Así que empezar una carrera musical después los treinta no es tan disparatado después de todo.

Este poema lo escribí en su honor y como amuleto para este año nuevo vida nueva que empieza para mí. Es mi propia versión de la Torre de la canción. La escribí en junio del año pasado en la playa de San Sebastián, el mismo lugar dónde me vino la inspiración para mi primer disco.

Ojalá que te guste.

DE MUDANZA 

I.
me acabo de mudar
a la torre de la canción

estoy en un barrio nuevo
me siento como pez
fuera del agua

voy tan a ciegas
tan dándome tortazos
contra las notas
contra las cuerdas

no manejo el idioma
sabes?

soy medio torpe
no se me entiende
pido puente y me dan estrofa
no se me entiende

es como hablar portuñol en Avignon
pero peor

II.
no importa mucho
cada día
entro a la melodía
con pocos recursos
con los dedos como palos secos
pero cada día entro

tengo oficina nueva
en carrer de la Palla
allí nada me calla
ahí tengo el puesto
nadie nadie me lo saca

y los pocos guiris que pasan
a las dos de la mañana
se llevan unas tonadas
entonadas a los golpes
y sentidas con el alma

III.
recién me mudo
a la torre de la canción
acá viven un montón

ahora vivo en el primero
con ventana a patio interno
nada de sol
monoambiente
una guitarra
un guitalele

no tengo garantía
pero me dejaron quedarme

más temprano que tarde
espero mudarme
a un piso más grande
cerca de Rufus
cerca de Leonard
quien sabe
cerca de Marley

contra todos los pronósticos
estoy
en la torre de la canción

de acá
no me muevo más

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