“Y se nos dice: la vida es una carga pesada. Pero sólo el hombre es para sí mismo una carga pesada. Y esto es porque lleva demasiadas cosas ajenas sobre sus hombros. Demasiadas palabras ajenas, demasiados pesados valores ajenos carga sobre sí. Entonces la vida le parece un desierto”.
(F.W. Nietzsche, “Así Habló Zaratustra”)

Cada vez que subo por la escalera mecánica del metro de Gracia, me encuentro con un cartel del Banco Sabadell. Está la cara de un chabón que es violinista de la sinfónica de Catalunya o algo así, y la frase: “Sin esfuerzo, el talento no sirve para nada”. La típica campaña donde chapean que son una institución con valores, etcétera, etcétera.

Odio esa publicidad, y que nos sigan manijeando con que hay que esforzarse para lograr cosas en la vida. El esfuerzo YA FUE. Es del siglo pasado. Ahora, las cosas fáciles, por favor. Cuando algo empieza a pesar, cuando sentís que estás arrastrando una carreta, stop. Es una alarma clarísima del cuerpo y de la mente de que no va por ahí.

El estudio, el trabajo, el aprendizaje, que sean livianos. Sin sufrir: lo que quieras aprender -guitarra, yoga, francés, bioquímica-, hacelo todos los días un ratito, o cada dos días, o una vez por semana, como quieras. La única razón para meterle horas y horas a algo es si se te pasan sin que te dés cuenta.

¿Porqué nos esforzamos, entonces?

Durante unos cuantos miles de años, el esfuerzo era la única estrategia para sobrevivir. Estaba bien para nuestros antepasados campesinos, que tenían que arar, sembrar la tierra, cargar fardos, darle de comer a los animales, darle duro a la faena porque era cuestión de vida o muerte: había llenar los graneros o te morías de hambre en invierno.

Eso fue así desde los albores de la humanidad hasta hace un puñado de décadas. La cosa cambió, gracias a Dios. A pesar de nuestra tendencia a autofustigarnos, los seres humanos somos la ostia: hemos hecho muchísimas cosas bien a lo largo de la historia. Hemos resuelto miles de problemas. Hemos dado cátedra de creatividad, inventiva. Nos merecemos una ovación de pie de todos los ángeles del cielo.

Claro que la tecnología no nos ha traído la felicidad. No está hecha para eso. Lo que la tecnología hizo es abrirnos las puertas a la Liberación. A la Liberación de nuestro tiempo y nuestras energías.

Me da por las bolas cuando leo artículos o veo videos de gente que se queja de los milennials, como este salame que se puso de moda por las redes sociales, que culpa a la nueva generación de ser haraganes y dispersos. Por favor… Bienvenido sea este cambio de paradigma, de trabajar menos, trabajar mejor, trabajar con inteligencia y con propósito.

El Esfuerzo tiene los días contados. Muy pronto, las computadoras y los robots harán las horas extra. Quedarán muy pocas tareas -simples o complejas- que no puedan asumir. Nosotros seremos los supervisores. Y en el tiempo libre, haremos lo que se nos cante.

La vida es cada vez más fácil. Y no nos tiene que dar ninguna culpa que sea así. Nos lo hemos ganado. Así que a disfrutar, y a agradecer de manera infinita a nuestros padres, abuelos y bisabuelos por haberse esforzado para que nosotros no tengamos que hacerlo.

Todo esto era para presentar un poema

No se de donde salió esta parrafada. Pero bueno, tenía que decirlo.

Este poema no tiene nada que ver con el tema, pero fue escrito sin esfuerzo, a las dos de la madrugada, durante ese año y medio en el que escribía un poema cada día.

En la patera de mi alma

en la patera de mi alma
flotando en circunferencia
a mil millas de la orilla
del continente florido
cuántas y cuántas promesas
padre madre padre mío
cuántas promesas perdidas

la patera está cubierta
de nubes
de golondrinas
de gaviotas de intemperie
de peces rodeada
de noches golpeada
de olas cubierta
la patera de mi alma
es frágil
se quiebra

en la periferia flota
en circunferencia vaga
soy vago para el foco
de la práctica sagrada
soy un náufrago un mendigo
un sediento de colinas
un hambriento de bengalas
dantescas y exageradas

voy a flote
voy a tiro en las espumas de lo incierto
voy en algo voy en algas que se adhieren
a mi alma
minerales crucifijos y esculturas
llevo dentro
en la patera de mi alma
voy despierto

voy en lumbre al horizonte
las estrellas yo vigilo por la noche
yo diviso el muelle lejos
el continente florido
yo presiento

llegaré alguna mañana de soslayo
alguna noche desvelado
algún grito al cielo a la orilla
alguna botella alguna marca de estrellas
llegaré al continente florido
yo voy en patera en tanto
voy en mi alma hecha un hilo
de lágrimas de preguntas de retazos
yo rezo y pido a las olas
que me arrastren como un árbol
a la orilla de la vida
tan lejos tan cerca encallo
voy en patera en alma
voy despierto y meridiano
voy derecho voy humano
voy apresto voy temprano
voy entero
y en pedazos

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