La Vida me ha dado un año y medio de plazo para convertirme en artista profesional. Un año y medio de gastos cubiertos, mientras aprendo como se hace. Es mucho más de lo que había soñado cuando tome esta decisión de lanzarme al vacío.

Ocurre que el estado español me va a dar algo llamado “seguro de desempleo” con el que no había contado por falta de costumbre -en Argentina no tenemos de esas cosas- y que cobraré mensualmente hasta enero del año que viene. Y cuando se acabe, tengo ahorros para seis meses más de prórroga. Gracias totales.

Y mientras tanto, yo trabajo y rezo y me encomiendo.

Y escribo poemas sobre mi trabajo y mi rezo. Como éste:

Free fallin

En caída
como fuckin´Altazor,
con una piedra candente en el pecho,
con un temblor,

con una extraña felicidad
de vida en hoja tan blanca,
toda lista para darse a la escritura,
para dar su cuerpo de madresanta,
de putasanta,
para darse al pincel de artista
de mi alma.

Cuidame, alma mía.
Atájame en la caída.
Que este salto a ciegas
valga la puta pena.
A vos me encomiendo
con todo lo que tenga:
ojalá que alcance,
ojalá que me recojas en tus dedos,
me ayudes a volar de nuevo,
que ha llegado la hora
de saltar por la ventana,
de lanzarme por la borda.
Que todo lo que pasó, pasó,
y lo demás será mañana.

Abre tus manos,
Dios.

Abre mis alas.
Mi aterrado corazón.

Gran Artista
que resides en mi alma:
no me abandones ahora.
Ten respuestas en mi oído preparadas,
trae el mapa del camino, por favor,
que ya casi es madrugada,
ya salimos.
Y silba tú la canción.

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