Un Clásico es un clásico porque te habla directamente. Te habla de tu propia vida hoy. No importa cual sea la época en que fue creado: es inmune al paso del tiempo. Te hace pensar, replantear, re-enfocar tu experiencia. Da igual el tema, los personajes, el argumento, los recursos literarios. Algo Verdadero, cercano y a la vez inasible, subyace todo el tiempo debajo de la forma.

La Excusa

Hace unos meses, Jessica Walker nos anunció a los actores de su Compañía que el próximo texto que llevaríamos a escena es “Así habló Zarathustra”, de F.W. Nietzsche. El libro tiene todos los elementos que lo sintonizan con un lenguaje teatral como el del Laboratorio: desafiante, poético, provocador y con hondura espiritual.

La única cosa en contra es su complejidad. Aunque está disfrazado de parábola, el Zarathustra no deja de ser un texto de filosofía. Y hace falta cierto background intelectual para leer filosofía, para poder visualizar mentalmente la arquitectura conceptual que te propone un autor. Éste un training que no todos los actores hayan hecho. Así que la Walker nos asignó a un par de actores la tarea de traducir y explicar el Zarathustra a los demás.

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La Compañía Laboratorio haciendo trabajo de mesa sobre Nietzsche

Yo tengo la suerte de haber estudiado filosofía durante un año -en Argentina-, lo que me dio una base para poder entrarle. El encargo me entusiasmó y me metí con la obra a fondo, durante cuatro meses. Tremendo viaje.

El Genio

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Friederich Wilhelm Nietzsche

Friederich Wilhelm Nietzsche: Un austríaco tímido, criado por mujeres disfuncionales, tan cortés en el trato personal como agresivo en la arena intelectual. Se han escrito muchísimo sobre él: el místico que odiaba al cristianismo, el boxeador del pensamiento, el peleado con el mundo, el profeta del instinto, el anticristo, el enfermo crónico que predicaba la victoria de los sanos y fuertes, el poeta más grande de la historia de la filosofía, el ateo que le cantaba al Alma.

Nietzsche era un genio, sabía que lo era y sufría con la falta de reconocimiento del establishment cultural de su época. Un desdén al que respondía con un orgullo herido, aristocrático. Como buen alemán, se tomaba muy en serio su propia cruzada filosófico-espiritual. Su genialidad crecía en forma paralela a su provocación, su mala leche, sus exabruptos: fue perdiendo amigos hasta que sólo se quedaron con él su hermana, su madre -a las que odiaba- y su incondicional discípulo Peter Gast.

De salud frágil, asediado por jaquecas terribles, Nietzsche escribió hasta perder la razón: transcurrió como un vegetal los últimos diez años de su vida, al cuidado de su hermana Elisabeth.

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Nietzsche, ya loco, con su hermana

La Lámpara

“Así habló Zarathustra” es el canto místico de un ateo furibundo. Cada párrafo, cada frase es una pulseada entre su Ego y su Alma. Como lector, es un espectáculo fascinante de ver: lo alto que puede llegar a volar y lo bajo que puede llegar a caer Nietzsche, de extremo a extremo todo el tiempo, sin término medio. Es abrumadora la intensidad de ese texto -el más poético de los libros de filosofía- y te la contagia. Te dan ganas de hacer cosas. Tus cosas.

Durante mucho tiempo fue un lugar común hablar de Nietzsche como filósofo protonazi, como apólogo de la ley del más fuerte. Hay mucho de eso en Zarathustra. Pero también es justo afirmar que Nietzsche hubiera odiado el Nazismo: individualista hasta la víscera, detestaba los movimientos de masas. Más que al soldado, Nietzsche reivindicaba al guerrero: individual, solitario, que busca adversarios poderosos como excusa para autosuperarse.

Lo mejor que tiene Nietzsche es que te da libertad para que seas lo que sos. Te da fuerza para que hagas tu vida de acuerdo a tu propio criterio, para que seas -usando un término que repite una y otra vez- un Creador. Los nazis leyeron al Zarathustra y sintieron que les daba permiso para llevarse al mundo puesto. En cuanto a mi, lo leo y me dan más ganas de ser Artista.

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Mi edición del Zarathustra

Los Poemas

Además de empoderarme como creador -me dio fuerza para dar el salto y jugármela con el Arte a tiempo completo-, el Zarathustra me inspiró unos cuarenta poemas.

Éste es uno de los primeros. Que lo disfrutes.

Alma mía

“Un santo decir sí”
(Frederich Nietzsche, “Así habló Zaratustra”)

Alma mía,
transfórmate
todas las veces que te sean
necesarias.
Cambia de piel como serpiente,
cómo Hércules, con manto de feroces
leopardos matados a la intemperie.

Alma mía,
conquistate.
Sé de nuevo poderosa.
Sacúdete el mundo de la espalda;
ya no más bestia de carga,
purifica tus entrañas
con el agua,
la más sucia
de las aguas.

Alma mía,
resucita.
Sacúdete el mundo
como perro mojado,
como mendigo cegado por la sal;
no apartes la vista del sol
en su ocaso sobre el mar,
muere como el astro,
alma hermosa,
resucita, cambia, limpia
tus ventanas;
lava todas
las calzadas.

Alma mía,
sacúdete el mundo de la espalda;
asesínalo a dentelladas
de ignorancia,
si hace falta,
y resucita
en inocencia,
en ser que no sabe nada.

Alma mía despierta
con la voz de las estrellas:
sé canción
de madrugada.

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