“¿Quién quiere volverse liviano y transformarse en un pájaro?”
(F. W. Nietzsche, Así habló Zarathustra).

La última mudanza de mi vida

Luego de tener mis cosas en un Bluespace durante tres meses, hace unos días hice el traslado a mi nueva residencia. Cuando acabé de cargar cajas -me jodí las lumbares y todo-, me senté en el sofá de mi nueva sala de estar.

Mi casa de ahora es un piso pequeño y bonito en Nou Barris, en el que viviré casi solo -digo casi porque mi compi de piso se va cada día a las nueve y media de la mañana y vuelve a las once de la noche-. Es diáfano, muy pocos muebles, pocas cosas, iluminado. Te limpia la mente de solo verlo.

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Ahí vi la luz. Decidí tirar y regalar todo. La próxima vez que me mude -en enero, que me voy a la India por unos cuantos meses-, será con una sola maleta.

Cómo deshacerte del 70% de tus cosas

Lo primero que hice fue regalarle todos los muebles a Sebastián, el uruguayo que me hizo la mudanza. Una cama de dos plazas, una biblioteca, una silla de oficina, una mesa. No tengo ni ganas ni paciencia para ponerme a vender trastos por wallapop, así que chau muebles.

Luego la ropa. Un buen filtro para hacerle a tu guardarropa es tirar todo lo que no te pusiste en el último año. Ahí vuelan la mitad de las cosas. Muchas camisas, chándal y pantalones que te parecen bonitos pero que no usas, que guardas por si te los pones “alguna vez”, pero sólo sirven para adornar el ropero.

Chaquetas, me quedé con cuatro, me gusta variar. Pero cuando me vaya de Barna en diciembre me llevaré una sola. El resto, adiós.

En cuanto a los calzados, me quedo sólo con un par de zapatillas -primavera/otoño-, un par de borcegos -otoño/invierno- y unas sandalias -verano-.

Luego los libros. Cuando vivía en La Plata, era un comprador serial de libros. Tenía una biblioteca de pared entera, que le dejé de regalo a mi amigo Diego. Ahora, en estos nueve años en Barcelona, he acumulado una caja, es pesadísima.

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Mi antigua biblioteca

Libros de teatro, espiritualidad, poesía, Un Curso de Milagros… Este finde viene mi broder a llevarse lo que quiera, el resto arrivederci. Además me acabo de comprar un Kindle, es una preciosura, mi futura biblioteca estará en la nube y viajará conmigo sin ocupar espacio. Al igual que cuando salió Spotify, que dejé de comprar CDs y bajarme mp3.

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Mi nueva biblioteca

Lo que más me costó soltar

Dos cosas:

La primera es un bolsito con atrezzo y vestuario de teatro. Concretamente, elementos de las creaciones teatrales que hice en el Laboratorio. Ese material está asociado con algunos de los años más felices de mi vida, está impregnado con mi corazón, mi creatividad, la vibración de la de la tribu de artistas con la que caminé esos años de teatro y de crecimiento.

Acabo de dejar el bolsito en la zona de reciclaje, frente a mi casa, en Roquetes los trastos no duran ni un segundo en la calle, ahora mismo debe haber alguno llevándose mi magia por ahí.

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Las mascaras son de mi Solo de segundo año, “Tragicomedia en verso”. Las antiparras del “Hamlet Seco”. La tela negra, de “Ricardo III”.

La segunda cosa que me costó soltar fue mi Altar, una santuario lleno de símbolos, piedras, cristales, collares, estampitas, estatuas, fotos, imágenes, etcétera, etcétera. Tener un Altar es una de las tantas cosas que aprendí de la Jessica Walker: es absolutamente crucial hacerle un sitio al Espíritu en tu casa.

Yo armo ese altar en cada lugar donde me mudo, y ahí mismo es donde medito cada día. A esta altura está súper cargado de mis mañanas extáticas con Dios, de mis inspiraciones e iluminaciones.

Ni se me ocurrió desecharlo. Pero si lo he reducido a un tercio de su tamaño, de modo que pueda guardarlo en una cajita y llevármelo conmigo. Así que hice un pequeño ritual y encomendé a un puñado de elementos que asuman la representación de todos los que habían antes.

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Aquí están Jesucristo, San Francisco de Asis, mi querida Arunachala, Shiva Nataraj, el Ganges, mis padres, mis tías Amalia y Cristina, Amma, el Guru Nanak, la Jessica Walker, la Isa Solana, mi Camino de Santiago, mi Tarot, el Laboratorio, Radio Culebra…

Lo que conservé

Me he pasado la vida mudándome. Desde que a los 17 años dejé la casa de mis padres en Azul, he vivido en unos quince sitios distintos entre La Plata y Barcelona. Probablemente siga así toda la vida, ya que comprar una casa no está entre mis objetivos.

Una maleta: Ahí cabrá todo. De ahora hasta diciembre, iré soltando más cosas. Cuando viaje a la India, éstas serán mis posesiones:

– Cinco remeras.
– Cuatro pantalones.
– Cuatro pares de medias.
– Un chándal.
– Una chaqueta.
– Una bufanda.
– Cuatro calzoncillos.
– Un par de zapatillas.
– Un par de sandalias.
– Pasaporte y DNI.
– Smartphone y cargador.
– MacBook y cargador.
– Mi estudio de grabación portátil (micrófono, placa de sonido, auriculares).
– Kindle.
– Mi altar.
– Un plato de cerámica japonesa y una cuchara de madera (esto me lo estoy pensando).
– Una guitarra.
– Un guitalele.
– Una armónica.

Así andaré por la vida. Cuando me instale en un sitio por un tiempo, buscaré una casa o depto amueblados. Si me faltan cosas muy esenciales, los compraré a Ikea y sus amigos. Y los venderé o los dejaré de regalo cuando me vaya.

Hablando de desapego, te comparto un poema. Que lo disfrutes. Y si querés estar al tanto de mis publicaciones, dejame tu mail acá.

Ahora sí, el poema:

Quédate con todo

Poesía
quédate con todo
Asaltame
Vacía mis bolsillos
Vacía mi cráneo
No me dejes nada
ni para un
café
Déjame sin zapatos
en medio de la calle
Déjame sin recuerdos
en medio del invierno
Saqueame
Poesía
Llévate todo
Déjame nada