Tener sobrinos es la bomba.

Para los que aún no tenemos hijos, los sobrinos es la forma como la vida te da una pista de lo que debe ser tenerlos.

A mi me gustan los niños, en general. Todos. Hasta los seis o siete años, son reales por diseño de la naturaleza. Todavía no han integrado las estrategias -sociales, culturales, adaptativas- para esconder lo que les pasa. Son transparentes.

Todo lo que les sucede -la alegría, la rabia, la tristeza- les sucede totalmente, al cien por cien, y queda a la vista. Para un adulto, tan habituado a tapar todo lo que siente, tener niños alrededor es puro oxígeno.

Como dije antes, me gustan los niños en general. Pero a mis sobrinos los amo. Cuestión de sangre.

Tener sobrinos es negocio, además, porque te llevás todos los beneficios de tener niños cerca, pero ninguna de las responsabilidades. Levantarlos para ir a la escuela, llevarlos al médico, lidiar con berrinches de media hora… Todo eso es jurisdicción de los padres. Yo soy el tío, juego con ellos nomás.

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De izquierda a derecha, Isa, Alfonso -prota, as usual-, Martino y Santina.

Tengo cuatro sobrinos, por ahora. Dos por hermana. Por orden de aparición: Isabela, Martino, Alfonso y Santina. Super distintos entre sí. Igual de bellos. La Verdad es bella, no importa cómo se manifieste.

Cada verano argentino, viajo por tres semanas a ejercer de tío. Hago visitas a domicilio -algunos días a lo de mi hermana Flor, otros a lo de mi hermana Lau-. Y juego unas dos o tres horas con los nenes. Es uno de los mejores trabajos que tuve en la vida.

Hice este poema en un rapto místico, viendo a uno de ellos pintar.

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Martino pinta

Martino pinta
como un cazador reconcentrado

su sentido del color
incipiente y consumado
marca fuerte la pendiente de la línea
de la leche por su vientre
de la fuerza de la vida
que lo siente

Martino pinta
cuatro cuadros por minuto
exagerado
desmesurado su apetito creador
como Pollock
o Van Gogh
abundante
como un campo de centeno
como estrellas luminosas
en el cielo

el durazno el perro la pelota
se condensan en su trazo
su madre su risa
es un círculo morado
un punto verde un horizonte
raya negra mancha roja
y la ciudad desaparece
se esfuman la cocina y la naranja
cuando la hoja traspasan
en salvaje abstracción
en intuición
en plétora de sentido
en ser sin filtro
en ser furioso creador
como Dios en los pañales
en pinceles
como Dios
Martino pinta

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