Todos los niños son artistas, dijo Picasso alguna vez. Es algo natural. Pero no porque les guste bailar o dibujar, sino porque se relacionan con la vida de un modo artístico.

Su brújula está bien calibrada. Se acercan intuitivamente a lo que les interesa, sea lo que sea -patear una pelota, dibujar, hacer un pozo, jugar con agua…-. Se involucran con las cosas sin preconceptos, con ánimo de descubrimiento y con una actitud de prueba y error. Saben lo que quieren hacer, y lo hacen sin dudas, sin autocrítica, sin autocastigo. Como artistas.

Los niños siempre saben lo que quieren. Tendrán sus dificultades, pero la deriva existencial no es una de ellas. Al menos durante unos años, hasta que el entorno les empieza a interferir la señal interior. 

Estoy convencido de que lo básico de la personalidad no se aprende, sino que es innato. No se le puede enseñar a una niña a ser extrovertida, por ejemplo. Es o no es. No se puede estimular a un niño a que le gusten los deportes. Le gustan o no, y punto. En esencia, el aporte de los padres durante la crianza se resume en ir a favor o en contra del alma del niño.

Si un niño crece con viento favorable en su casa, de adulto será imparable.

los-nin%cc%83os-siempre-saben-lo-que-quieren-01

En enero fui a visitar a mi amiga Corina en La Plata. Su hija Eva tiene unos tres añitos, y es parecida a como yo era a su edad: reconcentrada, introspectiva pero a la vez conversadora, no le gusta caminar, amante de los juegos de mesa, mientras más mentales mejor -me tuvo media hora jugando al memotest-. Planta de interior total, como era yo. Cuando aprenda a leer, agarrate.

Este poema -escrito durante el proceso creativo de Altazor- tiene que ver con esa llamada clamorosa que vibra en el alma de cada niñ@. Lo transcribo en homenaje a Eva, a mis sobris y a Camilito de tres años.

los-nin%cc%83os-siempre-saben-lo-que-quieren-02

Una semilla

de chico
nunca me subí a un árbol
tenía mejores cosas que hacer

dibujar a la gente
leer a la vida

de chico
nunca castigue una rama
con mi peso suspendido

de chico iba mi cabeza
más rápido que el sonido

los años me reservaban
el cuerpo y el movimiento
la danza y sus consecuencias

con seis años me nutría
como una semilla alerta
venía ya poseída
del espíritu del aire
la brújula estaba dentro

la semilla germinaba
la madera abría el camino
al sonido y a la imagen

con seis años
poseída
la semilla germinaba
la brújula era evidente
el árbol
crecía dentro mío
arriba mío crecía
mío
arriba
adentro
siempre

Si te gustó, dejame el mail abajo y te aviso cuando publique más.