Estuve tres o cuatro días en el Himalaya, sin otra cosa que hacer más que escribir y hacer el amor. Y mirar el valle. A lo lejos se oían a veces las campanas del templo. En Dharamsala hay pocos indios y se nota. Los tibetanos son más tranquilos, más silenciosos que los indios, sus rezos son un murmullo grave, una especie de digeridoo a capella, sin esa cosa barroca y bochinchera de los indios devotos.

De todos modos, la hostería a 200 metros más abajo de mi alojamiento está regenteada por un hindú de pura cepa, de Varanasi, que le da a la campana indian style, talan talan talan, como en un ring de boxeo, om namah shivaya a todo volúmen.

Su hostería tenía un café -más bien un cuartito con cuatro cojines- con música de Bob Marley en repeat, donde fui un par de meses a tomarme un masala chai.

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La juventud europea campaba a sus anchas por allí, look neo hippie siglo XXI, haciendo nada y dejando pasar el tiempo, despertando en mí una mezcla de emociones, un secreto desprecio.

¿Cómo me puede molestar tanto esta gente tan inofensiva? Posiblemente un reflejo de envidia sudamericana frente al europeo privilegiado. O envidia por verlos hacer huevo sin culpa, mientras que yo tenía que escribir para sentirme productivo.

Me revienta sorprenderme a mí mismo en el resentimiento. A veces me olvido que cada uno se busca a sí mismo como puede. Yo también.

De esa ensalada de cafetería, ocio, paisaje y pensamientos nació este poema:

Himalaya

Dharamsala, abril de 2016.

En la cúpula del mundo,
oyendo rezos.
Todo el sol en mi regazo.
Todo el espacio y el tiempo.

Tan lejano el verde manto
de Himalaya al horizonte,
alucinante para tantos
tantos santos,
tantos yoguis.

Dharamsala se reparte
por los puntos cardinales de mis ojos;
y aquí y allá,
como piedras,
tantos hombres bellos, toscos,
descubriendo la montaña
a paso lento,
deshaciendo los entuertos,
los ojos lejos
abriendo.

Tanta artista lejanía
es demasiado para el hombre:
tanto cielo y yo sin cuenco
para derramarlo dentro.

Es posible compartir la lejanía?
Convertirla en bendición entre la gente?
En abrazo y beso fácil,
en caricia?
En buenas palabras dichas
sin miedo a ser mal oídas?
Sin miedo a ser melodía de amistad,
sin miedo a decir verdad?

Qué hace falta para amar?
Sin obstáculos amar?
Sin temor a vos
y amar?

Qué me separa de Dios
en los demás?

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