Desde que monté el estudio de grabación casero, tengo días de que apenas salgo a la calle. Esto es un mundo.

Estoy grabando versiones. Antes de ponerme con composiciones propias, quiero tener la técnica del estudio más por la mano. Me pasaré unos meses haciendo temas de otros que me gusten. La primera fue “Canción del Jacarandá”, de María Elena Walsh.

Pequeña disgresión sobre María Elena Walsh

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María Elena Walsh

Aunque a veces no lo parezca, nacer en Argentina tiene sus privilegios. Uno de ellos es que cuando sos chico te ponen los temas de María Elena. En sus discos, el género “música infantil” -que suele dar para mucha berretada- se eleva a las estrellas. No se si muchos niños que no sean argentinos tienen el lujo de crecer con la poética y el humor de canciones como “Manuelita la Tortuga”, “El Brujito del Gulubú” o “La Vaca Estudiosa”.

“Canción del Jacarandá” es una joya que trasciende edades, con una melancolía dulce y un aprovechamiento brillante de la sonoridad del lenguaje (ese mantra inolvidable, “deeeel jacarandaaaa”). El precioso árbol de flores celestes se impregna de una sustancia mítica que vuelvo a descubrir ahora, treinta y cuatro años después de escucharla.

Con ustedes, Canción del Jacarandá

Lo elegí porque me encanta, y porque me vino a la mente una versión simple -sólo voces y guitarras-, fácil de producir. O eso creía yo :).

Voilá.

Me llevó cuatro sesiones de grabación, dos de edición y mezcla, una versión fallida (más detalles, adelante) hasta llegar a la definitiva, a lo largo de dos semanas de trabajo.

Básicamente, grabé dos pistas de guitarra, tres de guitalele, un track principal de voz, dos pistas de coros y armonías vocales y dos pistas de efecto sonoro de viento, que hice con la boca y un poco de procesamiento.

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Mi guitarra y mi guitalele, los protas de la canción

Cuando la cosa estuvo lista la exporté a mp3 y la mastericé con Landr. Para los que no entienden del asunto, la masterización es un proceso de postproducción que se realiza sobre un tema para realzarlo y condensarlo. Lo hacen ingenieros de sonido muy especializados, sale bastante caro. Pero gracias a Dios y a la tecnología, hoy podés masterizar con aplicaciones digitales con resultados bastante decentes, por poquísimo dinero (Landr, por ejemplo, te cobra unos 5 euros por canción).

Lecciones Aprendidas (leelo si te interesa la producción musical)

Ante todo, me saco el sombrero por el GarageBand: el programa es elegante e intuitivo, un típico producto Apple.

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GarageBand Session

1. Lo más importante que aprendí con esta sesión: Siempre comprobar que el tono sea el adecuado -es decir que te quede bien para cantar-.

Yo tenía tanta ansiedad por grabar que metí primero todas las guitarras, y cuando llegó el momento de las voces me di cuenta de que me quedaba altísimo. Entonar un falsetto estilo Mariah Carey tiene sus complicaciones, sobre todo si no sos Mariah Carey.

Me da un poco de vergüenza porque sueno como la hiena del Rey León –clicka aquí si querés reirte un rato-. Tuve que grabarla la canción entera otra vez, en un tono más cómodo. En fin.

2. Planifica, siempre. Estructura la canción antes en tu mente o en un papel. Decide el Tempo antes de empezar y graba SIEMPRE con metrónomo.

3. La idea es trabajar en tres etapas separadas: Grabación, Edición y Mezcla.
– Grabación: registro de los instrumentos y las voces en varias tomas.
– Edición: selección y recorte de las distintas tomas hasta que te quede una pista definitiva de cada instrumento.
– Mezcla: combinación de las pistas entre sí hasta obtener la mejor canción posible. Es la etapa más creativa y disfrutable, con mucho margen para probar cosas y experimentar.

Conviene organizarse, porque los mindsets para grabar y para editar/mezclar son diferentes. Si estás mezclando y te das cuenta de que te olvidaste una parte de guitarra, es rompepelotas volver a grabar (se puede hacer, ojo… el estudio es tuyo, no estás pagando por horas, podés tomarte el tiempo que quieras. Pero en esto va bien aprender de los profesionales).

4. Programa sesiones cortas de Grabación. Trata de grabar con la mente fresca, relajada, sin autoexigencia. Si el solo de guitarra no te sale de entrada, en las primeras tres tomas, no te obsesiones. Salí a dar una vuelta de manzana, desconectá cinco minutos y volvé a empezar.

La Edición y Mezcla tiene otro timing. Es una sesión larga, inmersiva, el tiempo vuela. La segunda versión del tema fue editada y mezclada en una sesión casi ininterrumpida de unas siete horas. Se me hicieron las cinco de la mañana casi sin darme cuenta.

5. Durante la Grabación, limitá el número de tomas por pista: no más de tres o cuatro. Como no tenés límite de tiempo, grabar catorce o quince tomas es tentador. Pero cuando llega el momento de seleccionar las mejores partes para la pista definitiva, te querés suicidar.

La semana que viene, más

Ahora mismo estoy haciendo un curso online para usar mejor el GarageBand -antes quería experimentar hacer una primera canción desde cero, como me saliera-. El próximo tema -ya lo tengo en mente- va a salir más fino, supongo.

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Un abrazo y hasta la própera.