La poesía le cuesta a todo el mundo. A la gente le gusta que le cuenten cosas, y en poesía las palabras no están ahí para contarte cosas.

En cierto modo, penetrar en la poesía es como aprender un idioma nuevo: te pasas un tiempo leyendo, sin entender mucho, hasta que en un momento cachás el código y todo empieza a cobrar sentido. Eso pasa de golpe, de un día para el otro. Y desde ahí entendés todos los poemas. No los entendés en el sentido en el que se entiende una novela o un artículo en una revista. Me refiero a que los poemas empiezan a llevarte de viaje.

La Poesía en el cuerpo

Paradójicamente, yo no aprendí el lenguaje de la poesía leyéndola, sino haciendo teatro en el Laboratorio. Su directora Jessica Walker propone un lenguaje teatral altamente poético. En sus montajes, el argumento y la psicología de los personajes están en un segundo plano, cediendo el protagonismo a de la imagen, la atmósfera y la emoción.

Ahí me cayó de maduro que lo poético tiene poco que ver con las palabras en realidad. Es algo que te asalta. Luego de ser expuesto a lo poético en el escenario durante unos cuantos años, reconocerlo en papel empezó a ser fácil. Natural, diría.

Para mi, la ya débil frontera entre poesía y teatro se borró con Altazor.

altazor-y-yo-05
Altazor, con dirección de Jessica Walker. Foto de Ulises Fontana (la de arriba también)

“Nací a los 33 años, el día de la muerte de Cristo”…

Publicado en 1931, “Altazor (o el viaje en paracaídas)” es obra cumbre de uno de los creadores máximos de la poesía latinoamericana del Siglo XX.

Altazor es el alter-ego de Vicente Huidobro, genio poético chileno, creador de vanguardias, militante comunista, bohemio en viaje permanente entre Europa y América, protagonista de rivalidades épicas -Pablo Neruda- y amores épicos -Ximena Amunátegui, hija adolescente de un aristócrata chileno a la que rapta a la salida del colegio y con la que se casa en Paris-.

Valiéndose de la metáfora del paracaidista -que cae desde las estrellas a la tumba-, Huidobro/Altazor reflexiona sobre el viaje existencial del ser humano a lo largo de casi dos mil versos, en torrentes incendiarios como éste:

Cae en infancia
Cae en vejez
Cae en lágrimas
Cae en risas
Cae en música sobre el universo
Cae de tu cabeza a tus pies
Cae de tus pies a tu cabeza
Cae del mar a la fuente
Cae al último abismo de silencio
Como el barco que se hunde apagando sus luces

En su catarata de palabras, Huidobro alcanza a rozar el Misterio. Descubre la Perla, el Alma, alcanza a vislumbrarla por un segundo. Y nosotros con él.

El círculo se cierra

Así debió sentirlo una joven Jessica Walker en plena experiencia iniciática, década del ochenta, viviendo sola durante un año en una casita de madera en el desierto de Atacama, con un mazo de tarot y un libro. Uno solo. Altazor.

Veinticinco años después y a un océano de distancia, Jessica nos propone a los diez actores de la Compañía llevar a escena Altazor. El proceso de montar la obra fue alucinante, gozoso, altamente creativo. No entraré en detalle, el tema me da para otro post. Pero si querés echar una ojeada a lo que creamos, aquí está el teaser de un documental que está terminando mi hermanito sobre la obra.

“Cae, Altazor” – Teaser from Bruno Zaffora on Vimeo.

Por mi parte, yo aproveché la excusa de la obra para escribir. Qué mejor para entrar en el universo de la poesía que escribiéndola: durante un mes y medio, escribí cada día un poema inspirándome en Altazor; viajé con él, caí con él, escribí con él, me hice sus mismas preguntas. En este link, los casi cuarenta poemas que hicimos juntos.

Para muestra, uno de ellos:

altazor-y-yo-06
Antes de empezar los ensayos, probándome los siete trajes -los siete cantos de Altazor-.

Crece que se acaba

“Crece crece dice el violencello”
(“Altazor” de Vicente Huidobro)

crece salvaje de naufragios anónimos
crece tu cuerpo hacia los costados del mundo
hacia estrella contra los muros crece
hacia las fronteras crece
y hazlas estallar
como un diamante entre los dientes
crece que se agota
el tiempo la vida el aire
el agua se agota la ternura
es perecedera se echa a perder
se termina y se pudre
crece que te corren los gusanos
te persiguen como un tren de mercancías
como un asno enfermo te persiguen
y te alcanzarán antes de que el sol se apague

crece en pánico diamante encadenado
perla del poniente crece sin perder
una milésima de segundo
que te devora la muerte
te encuentra y se toma con tu vida una ginebra
antes de extinguirla como la llama de una vela

crece antes de ser mercancía de recuerdo
en la mente de la gente
antes de ser letra muerta
pasto de buitres
crece

Para terminar, te cuento que publico un poema a la semana, entre otras cosas. Dejá tu correo en el formulario de abajo y te llegarán. Un abrazo y hasta la próxima.