¿Cómo hacer un poema? Hacer un poema es fácil.

Con amontonar tres o cuatro versos uno arriba del otro, ya tienes un poema. Puede que no sea memorable, pero técnicamente será un poema.

La pregunta correcta es: ¿Cómo hacer un poema que sea bueno?

Algo que puede sonar básico, pero vale la pena aclarar de movida: si alguna vez quieres llegar a escribir un buen poema, tienes que empezar por hacer un poema que probablemente sea malo. Es posible que tengas que hacer muchos poemas olvidables antes de que te salga uno decente. Como con todo, es cuestión de práctica.

Entonces, para que quede claro, lo más importante para hacer un buen poema es el entrenamiento.

¿Más importante que el talento? ¿Más importante que la facilidad natural para escribir?

Sí. De lejos.

El ritmo, la cadencia, la riqueza y aprovechamiento del lenguaje, los recursos poéticos, la imaginación, la capacidad de observación, la osadía e inventiva con las palabras… Todo eso es importante. Se puede adquirir. Y es materia de futuros posts que compartiré.

Pero ahora mismo quiero hablar de lo esencial.

No quiero hablar de cómo hacer un poema bueno. Eso vendrá solo. Quiero hablar de cómo hacer un poema inspirado.

¿Qué es un poema inspirado?

Es un poema que tiene vida, honestidad, verdad.

¿Se puede hacer un poema inspirado sin saber nada de poesía?

Sí, definitivamente.

¿Puede un poema ser bueno sin ser inspirado?

No. El poema puede ser técnicamente perfecto en materia de ritmo, musicalidad y uso del lenguaje. Pero si no tiene inspiración, estará muerto. Será una cáscara vacía.

Ahora, ¿un poema inspirado es siempre un buen poema?

No necesariamente. Hay poemas que no son buenos, pero tienen una vida indiscutible. Una sustancia.

Uno que me viene ahora mismo es “Espero que la vida”, de Piti Álvarez. En realidad es la letra de una canción, pero califica como poema y me sirve como ejemplo:

“Espero que la vida me lleve donde sea.
Lo único, no voy a trabajar para ningún viejo de mierda”.

No es un poema brillante, claro. Pero tiene honestidad, poder de síntesis, humor y contundencia. Me provoca algo. Me llega.

Entonces, repito la pregunta: ¿Se puede hacer un poema inspirado sin saber nada de poesía?

La capacidad de inspirarse -que es el talento más valioso que puede tener un artista- está al alcance de cualquiera. Ahora mismo.

Sigue leyendo.

Cómo hacer un poema inspirado

como-hacer-un-poema-03

Antes de entrar a contarte el cómo, es importante que comprendas que el acto creativo es una afirmación.

Crear algo es decir Sí.

Sí a lo que tengo ahora mismo. Si a lo que hay en mí ahora mismo. Sí a lo que quiero expresar. Sí a que nazca algo nuevo en el mundo, algo que antes no estaba. Sí a que se abra la puerta, y que algo salga de mi Ser.

El primer Sí de la creación es siempre un acto de voluntad.

Entonces, para hacer un poema inspirado no hay que sentarse a esperar a que venga la inspiración. Hay que llamarla. A gritos. Y la manera de hacerlo es escribiendo. Tú te sientas frente a la hoja en blanco y empiezas a escribir versos,
a escribir versos,
como te salgan,
pequeñas unidades de significado,
ideas de lo que sea
una arriba de la otra,
paquetes de palabras
no arriba del otro
hasta levantar una torre
de dos páginas de versos.

Ese es el objetivo:
dos páginas de versos.
Queda claro?

Una cosa importante antes de arrancar: Empieza y no pares hasta acabar las dos páginas. No te detengas a pensar. Despreocúpate del contenido, del orden, de la coherencia, de la calidad de lo que escribes. La idea es entrar en un fluído. En un estado de flow, de río, que fluya la escritura. Entrar “en la zona”, como dicen los anglosajones (“in the zone”). Acuérdate de que lo que buscamos es ese Sí interno, Sí a todo, Sí a todo lo que se me va ocurriendo, Sí a lo que me viene ahora mismo a la cabeza.

Crear es “un santo decir Sí” (Frederich Nietzsche). Adueñarte de ese Sí, convertirlo en tu segunda naturaleza, es la tarea más importante de la profesión artística.

Okey, me dirás. Dos páginas de versos. Pero sobre qué tema escribo?

Ahí lo dejo en tus manos. Cualquier punto de partida es válido. Lo único que te pido es que el tema te involucre. Algo que sea de importancia para ti ahora mismo. Ya sea que elijas poner la mirada en el mundo o expresar tus propios sentimientos y emociones; poner palabras a tu interioridad o escribir pensando en alguna persona o cosa o animal o circunstancia. Sea cual sea el tema, lo que te estoy pidiendo es honestidad.

Y si ahora mismo estás frente a la hoja en blanco y no sabes sobre qué escribir, empieza por ahí,
no sé que escribir
no sé que decir
no se me ocurre nada
nada nada
nada nada nada
y sigue así
dos páginas
verso a verso
hasta que algo venga a la cabeza
alguna idea
alguna imagen que tengas delante
una taza de café con leche fría
una flor salvaje
y nada más

poner “no se me ocurre nada”
cuando no se te ocurre nada
también es honestidad

Y la honestidad te sirve, porque es la puerta a la inspiración. La verdad de este momento: esa es la puerta.

Este truco es poderosísimo. He empezado decenas, decenas de poemas así. Empezando por admitir el vacío, hasta que a los seis o siete versos empieza a surgir el tema, la idea, la imagen, y el poema asoma la cabeza y va levantando vuelo. Y luego, es sólo cuestión de descartar los primeros versos, los versos de “no se me ocurre nada”, y agradecerles por haber ayudado al parto.

Entonces, repito: pon en marcha el motor creador, escribiendo. Cada día le limpias el óxido, le quitas el polvo, desatascas de a poco el engranaje, escribiendo dos páginas al día.

Escribiendo. Entrenando. Como en el arte y en la vida, el entrenamiento lo es Todo. Estás entrenando el Sí. Estás entrenando el estado de Flow. Estás entrenando el abrirle al puerta a la inspiración y dejarla abierta.

Y mientras entrenas, estás haciendo tus primeros poemas.

Cómo No hacer un poema

como-hacer-un-poema-05

Ahora bien, puede que en estas primeras tentativas también asome la cabeza el primer y más feroz enemigo de la creación: El No.

La creación, cuando es verdadera, nos pone en un lugar vulnerable. Allí, cualquier No puede pulverizar muy rápido al acto creativo. Puede bloquearlo muy fácilmente. Sobre todo si uno no tiene mucha práctica en esto de crear. Un No puede arrancar al brote de la tierra antes de que sea fuerte y se sostenga.

A la hora de venir a fastidiar las cosas, el No puede aparecerse con varios disfraces y soltarnos varios discursos:

– El discurso de la expectativa (“Yo quería que me saliera perfecto”).
– El discurso de la duda (“¿Serviré para esto? ¿No debería estar haciendo tal o cual cosa? ¿Qué hago escribiendo poesía, si lo que yo estudié es ingeniería/derecho/arquitectura/etc?”).
– La voz del juicio (“Esto es una mierda, no me gusta, no le va a gustar a nadie, no me sale, no sirvo, no tengo talento para esto, etc”).
– El discurso de la comparación (“Neruda sí y yo no, Borges sí y yo no, mi primo sí y yo no, mi vecina sí y yo no, el perro sí y yo no, etc…”).
– El discurso de la resistencia (“No tengo tiempo, tengo cosas que hacer, no tengo ganas, no me apetece ahora mismo, estoy cansado, prefiero ver una película/serie/video de youtube, voy a chequear un minuto el facebook/watsapp/tinder”).

Con este panorama, es crucial regar la semilla de tu creación y mantenerla a salvo de la maleza y de las plagas. Hacer un poema es un acto afirmativo: mientras lo estás escribiendo, no lo juzgues ni lo analices ni lo compares ni lo critiques. Limítate a escribirlo. Mantente en el Sí, agárrate al Sí como un náufrago a un tablón en la tormenta.

Así que tú vas escribiendo cada día, dos páginas de versos, dices la verdad del momento como te salga, eres honesto, te desentiendes totalmente de la “calidad” del poema, de que sea bueno, bonito, de que le guste a tu novio, a tu esposa, a tu madre. Te olvidas de la expectativa, de la pretensión de que tu poema sea cualquier otra cosa distinta que lo que es ahora mismo.

Si te pones de verdad y empiezas a escribir cada día, entrenas el abrir la puerta, te pones en disposición al Sí, y vas manteniendo a raya a los enemigos que te mencioné, no tardarás mucho en empezar a notar un par de cosas. Es posible que lo notes incluso el primer día que te sientas a escribir.

La primera es que experimentarás el Estado de Flow. De fluir en la creación. Una presencia de ánimo sutil pero inconfundible cuando escribes, que quizás sientas incluso en el cuerpo, como una corriente de movimiento interior. En cada persona se manifiesta de modo distinto: en mí, por ejemplo, se me instala como una inquietud o una especie de ansiedad, pero es una ansiedad agradable, una urgencia por volcarme en la página, me muevo en la silla, la cabeza me empieza a funcionar rápido, empiezo a conectar ideas y palabras, la escritura sale sin esfuerzo. Fluye. Fluyo.

Es el estado de inspiración.

Alcanzar ese “estado” es el objetivo principal del artista. Es la prioridad número uno. Todo lo que valga la pena de tu creación, va a salir de allí.

La segunda cosa que notarás es que al releer el poema que escribiste (te sugiero que dejes pasar un día al menos), habrá partes que te sorprenderán, te producirán una extrañeza, un “¿ésto lo hice yo?”.

Todos los artistas y creadores han tenido alguna vez esta sensación. Para mi, esta experiencia es un indicio de algo profundo, importantísimo, y comprenderlo me ha cambiado la vida:

Tú no haces el poema.

Tú eres sólo el canal.

El poema se hace a través de tí.

La creación es en realidad una canalización.

El poema te necesita para nacer. Pero tu no eres el autor.

¿Y quién es el autor, entonces?

Pues ahí te lo dejo a ti. Llámalo como tengas ganas: la Musa, el Misterio, el Subconsciente, el inconsciente colectivo, el Viento (como lo llamaba Leon Felipe), el Gran Espíritu, el Alma.

Para mi es Dios, no le doy mucha más vuelta. Tú ponle el nombre que te sea cómodo y que te inspire.

Lo bueno es que a ese Creador misterioso no le importan las habilidades, herramientas y talentos que tú tengas. Va a usar lo que haya para crear. Va a hacer uso de todo lo que traigas contigo: tu forma de hablar, tus inclinaciones, tus miedos, tus gustos, tus experiencias de vida, buenas y malas, los hechos de tu biografía, tu imaginación, tus memorias, las cosas que escuchas por la calle, tus recuerdos de infancia, tus discos, tus lecturas, las películas que te gustan, tu ingenio, tu humor, tu rabia… Va a usar todo lo que encuentre a mano para Expresarse a través de ti.

La Obra de Arte, el Poema resultante, estará hecho con partes de tu vida y de tu ser. Pero detrás de esos ladrillos reconocibles habrá algo insondable, algo que excede a las palabras que lo componen, algo que justamente no puede ponerse en palabras. Algo poético.

Ponte a disposición del Poema, de la Vida que quiere nacer a través de ti.

Tu trabajo es escribir.

Tu trabajo no es crear algo bueno. Es crear algo vivo (gracias Jessica Walker).

Tu trabajo es decir Sí.

Cómo hacer un poema que sea bueno

como-hacer-un-poema-01

Lo que acabo de contarte es de lejos lo más crucial a la hora de hacer un poema o cualquier obra de arte.

Una vez que te habitúas a abrir la puerta y llamar a la musa, también puedes dedicarte a afilar el cuchillo, a templar el instrumento, a afinar el violín. Es decir, ocuparte en que cuando llegue la inspiración, encuentre más y mejores materiales para construir.

¿Y cómo se hace esto?

Algunas ideas:

Escribir cada día ya es una manera. Porque leyéndote empezarás a desarrollar un criterio acerca de lo que te gusta, de lo que te sale mejor, de lo que te ayuda más. Cuidado: no cedas a la tentación destructiva de criticarte o descalificarte a ti mismo. Tente paciencia. Encuentra lo bueno en tu trabajo, saltará a la vista.

Cuídate de mostrar tus poemas y pedir feedback, sobre todo al principio. Un comentario desafortunado de alguien cercano puede ser fatal para tu proceso de aprendizaje y de ganar confianza. Cuida el brote de tu creación. Desarrolla TU propio criterio, primero.

Y para escribir buena poesía, sirve mucho mucho leer buena poesía. Toda la que puedas. Te sugiero que cuando encuentres un poeta que te guste de verdad, te consigas sus obras completas y te las leas enteras. Yo lo hice con León Felipe al comienzo de mi aprendizaje. 800 páginas de poesía. Y como las leí por orden, tuve el regalo de ver el viaje creativo y la evolución de un poeta, de adolescente a anciano, ver cómo los hechos de su vida -exilio, cárcel, indigencia, reconocimiento- impactaron en su obra, y cómo hizo poemas de los infortunios y las alegrías, cómo volvió a escribir a los ochenta años -luego de una década de silencio- cuando mataron a su amigo Rubén, un niño jorobadito que vendría lotería en las esquinas de Mexico DF… Me acuerdo y se me pone la piel de gallina.

Lee a un poeta a fondo, y no tengas miedo que se te impregne su manera de escribir. Es totalmente natural. Me pasé dos meses leyendo el Canto General de Neruda, y mis poemas de esa época eran descaradamente nerudianos. No pasa nada. Luego los manierismos se van, y sólo quedan en ti aquellos recursos que has internalizado, que has hecho tuyos y que puedes usar con autoridad. Un artista se apropia de lo que ama, sin verguenza.

Para hacer poesía, aliméntate de poesía. No sólo la que leas, sino la que escuches en canciones, formas de hablar, frases de la gente que te llamen la atención, todo lo que te sirva.

Cuidado con leer crítica o teoría literaria en general. El análisis crítico de obras de arte es interesante y esclarecedor, pero conlleva un proceso de disección de la obra que va por carriles distintos al de crear una obra. Se utilizan otras partes del cerebro, vamos. Así que te recomiendo que vayas directo a la obra de arte, sin intermediarios. Desarrolla sensibilidad y criterio, antes de buscar a alguien que te la “explique”.

¿Y el talento?

Como la inspiración es una cosa tan inasible, en las escuelas de arte se enseña técnica: algo medible, que se puede observar, sistematizar y transmitir.

En este paradigma, alguien es considerado talentoso cuando es rápido para adquirir la técnica y la utiliza para construir formas. Un pintor talentoso, por ejemplo, es alguien que tiene mano para dibujar un cuerpo humano o un objeto con exactitud y proporción. Un bailarín talentoso, alguien que controla su motricidad, es preciso y coordinado con el cuerpo, etc. Creo que entiendes la idea.

Y es cierto que hay gente que nace con facilidad natural para ciertas técnicas, o las aprende con velocidad. El problema es que esto ha llevado a muchas personas a creer que por ser descoordinadas no pueden bailar, o que por no tener un buen pulso no pueden dibujar. O que porque no tienen fluidez con las palabras no pueden escribir.

Olvídate del talento. El mayor talento es el trabajo.

La técnica, cuando no está sostenida por la inspiración, es un cadáver. Un cadáver que parece un dibujo bonito, pero no tiene vida. Una cáscara que parece un poema.

Por otra parte, la buena noticia es que cuando entrenas el “estado de flow” y el abrirle la puerta a la inspiración, la técnica llega y se absorbe, se integra en ti de manera natural. Vas dominando la forma y el recurso, a tu ritmo, sin esfuerzo. Y sin sufrimiento, sin rabietas ni berrinches de “no me saleeeee!!!”.

¿Y que más?

Que empieces.

Que te busques un papel, un boli y un sitio tranquilo bajo un árbol, o un bar lleno de gente. Lo que te sirva, tú te conoces bien.

Y empieza.

Empieza con los versos
uno bajo el otro
palo y palo
clavando letras
una al lado de la otra
una arriba de la otra
una atrás de la otra
a por la torre
una torre que sea un río
que sea un río
de lo que traigas en tu vida
el día de hoy

Quieres hacer un poema?
Quieres hacer?
Quieres?

Empieza.

como-hacer-un-poema-3

Bueno, hasta aquí por hoy. Salió larga esta deriva -no se si llamarla tutorial, discurso motivacional, arenga de vestuario, o qué-.  Espero que te haya servido. Y sobre todo, que te hayan dado ganas de escribir.

Te cuento que seguiré compartiendo inspiraciones, trucos y reflexiones sobre la escritura poética y la creación artística en general en futuros posts. Si querés que te lleguen -así como poemas, canciones, videos y todo lo que salga de la galera en esta Vida de Artista que estoy empezando-, deja tu correo en el formulario de acá abajo.

Un abrazo!