“¡Ay, hermanos, ese dios que yo cree era obra humana
y demencia humana, como todos los dioses!”

(Frederich Nietzche, “Así habló Zarathustra”)

Más allá
no hay más allá.

Nada hay.

Nada en la nada,
dice en su piedra doliente
el hombre de conocimiento,
el incrédulo:
detrás del cuerpo
no hay nada,
solo entraña sin poesía
sin cielo, sin trascendencia,
sin sueño inútil,
sin ilusión;
cuerpo y tan sólo cuerpo
bajo el sol.

Y eso es bueno.
Es el sentido de la tierra.
Es la verdad simple y hermosa
de no más un mas allá.

Más allá del cuerpo,
moribundo de nacimiento,
limpio y fuerte por un tiempo,
y al final polvo y recuerdo;
más allá del puro cuerpo
ya nada hay.

Más allá
no hay más allá.