“En otros tiempos tenías
perros salvajes en tu mazmorra.”
(Frederich Nietzsche, “Así habló Zaratustra”)

En mí hay una caverna
llena de perros hambrientos,
encerrados, en cadenas,
en barrotes, furibundos.
Ladran, gruñen, quieren guerra,
y todo mi triunfo es ahogarlos,
ignorarlos,
olvidarlos.

Los perros salvajes
que yo escondo al fondo de mí
tienen hambre:

Hambre de que los mire
con los ojos orgullosos,
hambre de que los ladre,
de que los largue en el mundo,
de que los deje hacer guerra,
de que los deje pelearse,
aparearse,
con quien sea,
de que los deje ser perros
salvajes
cuando quieran.

Solo así me dejaran en paz.
Cuando duerman a mis pies
y a la sombra no los deje,
encadenados,
nunca más.