La mente
del delincuente,
su locura de hurto, de revólver,
es integra cuando se plasma sobre el bolso,
sobre el cuerpo,
sobre el mundo.

En el acto, su demencia es inocencia;
luego imagen se degrada
y en memoria vergonzante,
en expediente;
lo que lleva hasta la celda
es un acto de pureza vuelto hereje
por los jueces,
por los buenos de la tierra.

Enemigo,
y no basura.
Enfermo,
y no hijo de puta.

Mejor tu amor, delincuente,
tu amor vuelto un atropello,
tu maraña de serpientes,
que toda la paz de un mundo
decadente.