A la soledad
hay que merecerla.

Hay que merecer
no ser
del rebaño.

La libertad hay
que merecer.

¿Para qué la querés?

Hay que merecer
brillar como antorcha
sobre las ovejas.
Hay que merecerlo.
Aunque la soledad creadora sea amarga.
Porque estás solo,
con tu demonio,
con tu alma.

Creador de tu poema;
caminante solitario hacia ti mismo,
que tu propio lobo acecha
en cada piedra,
con tu noche oscura a cuestas,
con el precio de ser ciego a tu grandeza;

Caminante de tu destino;
¿Merecés tu libertad?
¿O mejor estás esclavo?
¿Más útil a los demás?
¿Te la has ganado a coraje?
¿A fuerza de fuego redentor
en tu interior?
¿Te has ganado tu inocencia?
¿Tu voz original de niño?
¿Tu mirar a las estrellas?