El Jardín del Edén
siempre estuvo en nuestra puerta,
en nuestra calle,
en nuestro pueblo.

El Árbol del Conocimiento,
siempre éste abedul sin glamour.
Este alerce sin brillo ni atributo, despintado.
Este sauce
al alcance de la mano.

La Manzana del Bien y del Mal
fue la nuestra
del mercado.
La del huerto, la que cae a nuestros pies
cada verano.
La buena o mala manzana
que cortamos.

Dios no ha creado nada.
Nunca fue,
nunca está.

Fue mi amor.
Siempre lo fue.
Y mi amor es creador
cuando te ve.