Mejor en el bosque, profeta.
Mejor en la cueva.
Para guardarte de cuerpos ajenos
en roce con el tuyo
y que tu mente se limpie
en cuarentena de gentes,
en ayuno.

Pero si el hambre
no es canción de alegría
para el viaje de tus días;
pero si el hambre
se vuelve ruidoso,
se vuelve lejía,
vuelve al cuerpo:
al cuerpo de los otros,
busca tu alimento,
muerde sin miedo,
date comida.