En el portal estoy,
mirando atrás.

A la ruta eterna, ya muerta, pedregal
con ondas de polvo pasado, lejos y lejos,
hasta siempre detrás.

Y todo lo que ha sido,
lo que pasó,
lo que fui,
en caravana devorado, desterrado
hacia aquí.

Todo el pasado, atrás ya pasado
viene en caravana,
todos los amigos y los átomos,
todas las visiones y los tactos,
los perros,
los abrazos,
los padres del ser humano,
y mis edades, niño, adulto, anciano,
todo se precipita
sin orden ni concierto,
arrastrándose a mi paso,
todo quiere volver a entrar
por el portal,
por el ojo de la aguja,
por el tiempo que no es tiempo,
y ser otra vez de nuevo,
ser viviente, ser vigente, respirando.

Cada átomo pasado
es futuro también:
retorna
a la vuelta del camino que prosigue
una y otra y otra vez
devuelve al ser,
retorna a la urgencia,
a mis bolsillos revienta,
mi equipaje de milenios
se deshace y se reinventa,
todos los trozos del tiempo,
resumen del polvo y lo muerto,
se vuelven a hornear
en la cocina del cosmos
para volver a ser servidos
otra vez.

Todo todo lo que fue
será y será
y nada más,
nada nuevo
tendrá lugar,
no habrá nada
más que todo,
todo y nada,
nada más.