Los primeros evangelios

cuarenta días seguidos
Cristo rezaba en el lamento del alba
rezaba en ayunas
sus manos resecas apretadas

entrenaba los milagros
con los buitres y las bestias
el primer sermón sagrado fue en silencio
fue con público de insectos
de serpientes por el sol enloquecidas
por parábolas calladas en el viento

sus primeros evangelios fueron ecos
esparcidos por la voz de las montañas
bajo el sol en letanía por el cielo
enterrados por las huellas
vacilantes del lagarto
y las moscas royeron las espinas
de aquel pan y de aquel pez originario

cuarenta días de caída al infinito
y en la noche del desierto mi profeta
durmió el sueño de los justos en el polvo
arrullado por su Dios sobre las piedras